Quiero ver cuajar, en oro, / los silencios de la tarde, / cuando el sol duerme en mi pueblo, / en sus piedras y en mi carne. (A.H.Q.)

El Greñicas


Variadas y dispares son las alusiones a la leyenda-realidad del Greñicas. Como sucede muchas veces la realidad supera a la ficción.

Veamos primero qué nos cuenta la leyenda:  
La tradición oral cuenta la leyenda de un agricultor de Montalbán llamado Juan Espés que, a finales del siglo XIX, se vio obligado a "echarse al monte" al haber desafiado a un adinerado y poderoso cacique local por los abusos que cometía contra los pobres y al que dejó maltrecho tras una pelea. Juan encontró refugio en el macizo de La Muela donde, perseguido por los seguidores y criados del cacique, éste pudo despistarlos al refugiarse en cueva, cuya entrada -circular y de pequeñas dimensiones-, quedaba oculta por los matojos que crecían a su alrededor.
 
Refugiado en el monte, descuidó su aspecto hasta que una larga y desordenada cabellera creció a la par que su barba con el paso de los días, alimentándose de lo que el monte le ofrecía y saciando su sed gracias a los manantiales que brotan en el macizo, la fuente de los Vaciones -muy cerca de la cueva-, y la fuente de Valdemiguel.
El paso del tiempo hizo pensar a Juan, que ya habrían olvidado en la localidad su reyerta con el cacique y optó por retornar para recabar noticias de su familia. Su aspecto descuidado y su melena le merecieron el apodo del "Greñicas" y contó que se refugió en una cueva que desde entonces se la conoce en Montalbán como la cueva del Greñicas. Sin embargo fue apresado y llevado a presidio -al parecer, al penal de Melilla-, del que se fugó en numerosas ocasiones, hacia tierras montalbinas, formando una cuadrilla de bandoleros que recorrieron el río Martín. Sin embargo, cansado de vivir acosado por las fuerzas de orden público, escapó a Francia, donde tuvo familia y murió.
texto: guía del Parque Cultural del Río Martín

Esta es la escueta noticia de la detención del Greñicas el lunes, 4 de enero de 1892
aparecida en el periódico La Vanguardia.

En este libro de los autores Celedonio García Rodríguez y José Antonio Adell
podemos encontrar una referencia a nuestro querido Greñicas uno

 de los últimos bandoleros románticos aragoneses del siglo XIX admirados
 y temidos por el pueblo, y cuyas aventuras han quedado en la tradición oral.
En esta publicación aparece la historia y vida de estos hombres que el tiempo convirtió en leyenda.
Y ahora veamos qué nos cuenta la historia, documentada con artículos aparecidos en los periódicos de la época y de una sentencia dictada por el Tribunal Supremo en un recurso de casación.
Gracias a Pedro Martínez por su ayuda para conseguir la sentencia.

https://dl.dropboxusercontent.com/u/43364872/SENTENCIA%20GRE%C3%91ICAS%20por%20pagina.pdf
Pinchando en la imagen podéis descargar la sentencia en PDF

Según el Diario de Avisos de Zaragoza del 8 de enero de 1892:
El Greñicas empezó su carrera criminal cometiendo un doble asesinato, con dos ancianos, padre e hijo de dicha población (Montalbán) por el año 1867. 

Juan Espés Rubio, alias Greñicas, fue sentenciado por la Audiencia de Zaragoza el 22 de enero de 1868 a la pena de cadena perpetua y accesorias por delito de homicidio y a cuatro años y ocho meses de presidio por otro de lesiones, penas que al reformarse el Código se conmutaron en 1871 por la de 20 años de cadena temporal y seis meses de arresto mayor. Esta condena la comenzó en el penal de Ceuta.

Juan Espés desertó del penal de Ceuta en mayo de 1872, fue capturado e ingresado en el mismo penal siendo sentenciado por el Consejo de guerra a sufrir las mayores privaciones.

Posteriormente fue trasladado al penal de Melilla de donde se fugó en febrero de 1878, y según el mismo Diario de Avisos de Zaragoza: "...desde entonces hacía sus incursiones al país de su origen, ya para cometer venganzas, ya para hacer robos y estafas. En la historia de la criminalidad de dicha comarca no se ha conocido otro que infundiera más pavor. El nombre de Greñicas erizaba los cabellos, atemorizaba a las gentes y asustaba a los niños: era una sombra, un fantasma, un demonio, peor que se le veía y todo el mundo lo callaba."

Muchos años después “El País” apunta que “Juan Espes (a) «Greñicas», que había llegado fugado por segunda vez del presido de Melilla, se propuso ser el terror el pueblo...”.

Efectivamente, durante 14 años el Greñicas fue uno de los bandoleros más temidos por los habitantes de la zona de Montalbán. Sus fechorías eran cometidas con la ayuda de su cuñado Ramón Aznar. Se sabe que alrededor del año 1889 envió una carta a D. Jerónimo Balduque, vecino de Montalbán, en la que a este y al cura párroco D. Pablo Calahorra les pedía recursos para marchar a América. Aunque la carta no contenía amenazas los vecinos se sentían intimidados por el Greñicas que estaba fugado de presidio. Estos le entregaron doscientos y pico reales.

Juan Villariz Gadea fue otro de los extorsionados. El Greñicas le pidió 200 duros, también con la excusa de marchar al extranjero, y al negárselos el Villariz, manifestó el Espés que se los diera por las buenas, y que si no podía le diera la mitad. Algunos días después se presentó Ramón Aznar Martín, alias el Aragonés, diciendo a Juan Villariz que su cuñado Juan Espés, estaba muy incomodado porque no le había llevado el dinero, y por esta causa la esposa de Villariz llevó por encargo de este 100 duros a casa de Ramón Aznar, a quien los entregó, acusándole recibo de dicha cantidad a los pocos días el Greñicas.

Días después, al llegar a su casa José Carral, fue sorprendido por Juan Espés, el que dándose a conocer y haciendo como que quería llevárselo hacia la cuadra, le pidió 300 duros, contestándole el Carral que le daría 50 duros al siguiente día, manifestándole el Espés que los entregara en casa de su cuñado Ramón Aznar, enviando el Carral por temor los 50 duros por conducto de su esposa, y después recibió carta del Espés diciéndole haber recibido la cantidad.

También envió carta a Lucas Quílez Martín, en la que decía que necesitaba 6.000 reales para marcharse a los Estados Unidos, acudiendo a él antes de emplear otros medios, para que le diera la mitad encargándole secreto, y que para la contestación se viera con su cuñado Ramón Aznar, a quién manifestó el Quílez que no la podía dar, pero que si Juan Greñicas lo tenía a bien, fuera a su casa, le daría una limosna, por lo que una noche inmediata se presentaron en casa del Quílez Juan Espés y su cuñado Ramón Aznar, donde les tuvo dos días, tratándoles bien y dando 5 duros al Espés cuando se marcharon.

El 2 de diciembre de 1891 Ramón Aznar recoge de José Carral para su cuñado Juan Espés 2 tapabocas valorados en 10 pesetas cada uno y 50 pesetas en metálico, a consecuencia de la carta que José Carral había recibido anteriormente.

En 1891, en la noche del 15 al 16 de diciembre, Juan Espés llamó a la puerta de D. Juan Francisco Sánchez, el Abogado, vecino de Montalbán, y preguntando por él y no encontrándose este en casa volvió el Espés, sin encontrarle tampoco, volviendo en la noche siguiente y hallando al Sánchez en casa, le dio un papel escrito en el que le decía que iba a hablarle con toda confianza, manifestándole que había vuelto al país para recoger dinero y marchar al África, por lo que temeroso el Sánchez le dio siete ú ocho pesetas que llevaba encima y marchó el Espés.

El 24 de diciembre, Juan Espés escribe una carta a Francisco Sánchez, escrita con lápiz, donde le indica que hable con algunos de los amigos para recogerle alguna cantidad de dinero para ponerse a salvo y retirarse de la tierra para no volver. Dos o tres días después escribe otra carta a Lucas Quílez en la que le decía que le suponía enterado de lo hablado con D. Francisco el Abogado, a quien había escrito para que recogiese lo que pudiera entre los amigos, y pensaba que él sería uno de ellos, así que confiaba en algo; pero ha sido todo lo contrario; que en vez de ser lo que esperaba, lo habían dado notorio todo el mundo; que había hecho muy bien, y les faltaba dar otro paso, que es el más peligroso, el de ver si lo podían coger vivo o muerto; pues para él era lo mismo; pero si el golpe lo dan en falso, desgraciado al que le toque el rayo, porque así como sabe que si le toca a él no va a haber perdón, él tampoco lo dará y buscará ocasión, [...] nadie sabe a quién le tocará; que ya que le dan la fama, que sea verdad en adelante, si no se cumplen sus deseos; y pese a quien pese; así es, que le entregue a su amigo el Abogado 100 duros, que este ponga 200 y se los entregue a quien él sabe con la carta presente, para que esta vuelva a sus manos; y si la entregasen a la Autoridad, que nada hay entonces que hablar; que  hagan lo que mejor les parezca, ya están advertidos para que no se quejen de lo que pueda suceder; pues él no se llevará chasco de lo que suceda, está a todo; terminando el Espés la carta con las palabras, o la guerra o la paz. Francisco Sánchez y Lucas Quílez escribieron a Juan Espés ofreciéndole 50 duros, cuya carta no quiso recibir Ramón Aznar ni la familia del Espés. Pero en la maña del 2 de enero de 1892, se presentó Ramón Aznar, el Aragonés, en casa de Quílez, por encargo de su cuñado Juan Espés diciéndole que iba por los 300 duros y con orden de este de no recibir cantidad menor; llamado D. Juan Francisco Sánchez entregaron al Aznar 875 pesetas el Sánchez y 500 pesetas el Quílez, presentándose entonces la Guardia Civil y detuvieron al Aznar con las cantidades dichas ya en su poder.

Seguimos con el relato del Diario de Avisos de Zaragoza:
"Fueron inútiles las preguntas y ruegos hechos al Aragonés para descubrir el paradero del Greñicas. Pero una vez aquel en la cárcel con varios individuos de la familia o parientes de éste, las autoridades todas dieron gallarda muestra de su actividad y celo, con somatén permanente, registros continuados, vigilancia por todas partes, hasta dar con los bandidos, que se guarecían en una casucha del Arrabal de Montalbán. 

Ante la guardia civil no hicieron resistencia los bandidos, y el Greñicas, que no se acordó en aquel momento mas que de su vida, pidiendo a sus aprehensores se la conservaran, desmintió su historia y la opinión que de él se tenía. La guardia civil de aquel puesto, sin más jefes que los cabos Navarro y González, el juez de instrucción D. J. Eduardo Tormo, su escribano D. Francisco Hernández Mateo, el alcalde D. Mateo Serna, secretario del ayuntamiento y todas las autoridades y personas de representación, contribuyeron por modo igual a tan singular captura, sin derramamiento de sangre y sin desgracia alguna. 

 El éxito coronó el esfuerzo de todos. La villa de Montalbán y sus habitantes, la comarca entera y la provincia de Teruel están de enhorabuena. Contribuyó con especial y tenaz cooperación a la captura de los bandidos, el alcaide de la cárcel D. Ramón Alegre y Feced, ex-sargento de ingenieros, probo y celoso empleado que, de su bolsillo particular, había sostenido inteligente espionaje, que dio por resultado poder comunicar a la guardia civil el paradero de los criminales. El juzgado procede sin tregua ni descanso en la formación del sumario, que será extenso y laborioso, dada la no vulgar inteligencia de los bandidos. Se ha telegrafiado a las autoridades superiores. Merece plácemes la benemérita guardia civil, el juzgado y las autoridades de Montalbán.

Periódico La Correspondencia de España
 
  El primer intento de fuga tras la detención tuvo lugar un mes después, en febrero de 1892; la noticia de “El Eco de Teruel” nos desvela, por ejemplo, que se utilizaban grilletes para amarrar a los presos. También se puede leer esta noticia en los periódicos El Isleno, Diario de Avisos de Zaragoza y el Noticiero Balear.

El Eco de Teruel
Los “breves días” se convirtieron en casi un año, pues el traslado de “Greñicas” y su cuñado y compañero de fechorías, Ramón Aznar (a) “Aragonés” se produjo el 10 de enero de 1893.
Eco de Teruel

 El 19 de mayo de 1893 fueron juzgados por robo. “El Eco de Teruel” refleja que el primero fue condenado a 34 años, y su cuñado a 16 años y dos meses.

Periódico La Verdad
Eco de Teruel


En diciembre de ese 1893; nuestro personaje sigue en la prisión de la capital y protagoniza un segundo intento de fuga tras el de Montalbán; nos da la noticia de nuevo “El Eco de Teruel”

En 1894, mientras era trasladado a la prisión de Melilla, se fuga de la cárcel de Almadrones el 10 de mayo, aunque consiguen capturarlo.
Periódico El Correo de España
Aunque también hubo quien quiso aprovechar la fama del Greñicas para delinquir. El 17 de mayo de 1894 un vecino de Plou se presentó a D. Lucas Quílez diciendo que iba en nombre del Greñicas para que le entregara 3000 duros y 2 chicas, hecho curioso que podemos leer en la noticia del Eco de Teruel
Noticia de El Eco de Teruel
Tras ser enviado otra vez al penal de Melilla vuelve a fugarse el 4 de octubre de 1895.
Noticia del periódico La Verdad

Noticia de El Correo de España

El 26 de diciembre de 1895, el Heraldo de Madrid publica la noticia de que el Greñicas ha comenzado a hacer fechorías en la provincia de Teruel después de cumplir larga condena, pero el periódico La Opinión rectifica la noticia asegurando que en realidad está fugado pero no se le espera por la zona de Montalbán.

Noticia del semanario La Opinión

A partir de esta fecha ya no se tienen noticias del Greñicas, hasta que en 1903 aparece en la prensa su nombre en una noticia de un triple asesinato que comete un sobrino suyo, Pablo Aznar, hijo de su hermana casada con Ramón Aznar, el Aragonés. Según esta noticia Juan Espés había sido visto en el Mediodía francés, Burdeos, en marzo de 1902, vivía allí así como su hermana que fue con sus hijos más pequeños. Ramón Aznar, el Aragonés, también emigró a Francia después de cumplir su condena rebajada con varios indultos.

El crimen de Gratecap

Según la noticia del periódico La Vanguardia del 22 de diciembre de 1903, el terrible crimen de Gratecap fue cometido por Pablo Aznar Espés, alias el Greñicas pequeño, de 26 años de edad, y Cayetano Vicente Cirujeda Martín, alias el Churro, de 31 años de edad, ambos de Montalbán. Vicente Cirujeda fue procesado a los 17 años de edad por fratricidio y a los 23 por amenazas de muerte, y otras varias por lesiones. Pablo Aznar hizo el servicio militar en Cuba y cuando volvió se reunió con su madre y hermanos en Burdeos.
 
El crimen fue perpetrado la noche del 23 al 24 de abril de 1902, en Gratecap, término de Genzoc, circunscripción de Libourne, departamento de Gironda (Aquitania). Los autores fueron detenidos en Bilbao y allí juzgados, siendo condenados a muerte. El relato de los hechos aparece en todos los periódicos importantes. de la época.

En Gratecap vivían Pedro Gracia con su esposa, Concepción Supervia, y el hijo de ambos un bebé llamado Edmundo de unos 5 meses de edad. Eran de nacionalidad española y estaban dedicados en Francia a los trabajos de agricultura y obras.  Por la condición de ser españoles amparaban y protegían a sus compatriotas cuando iban a Genzac, protección que dispensaron a Pablo Aznar, proporcionándole trabajo y vivienda en algunas épocas que estuvo en dicho pueblo.

Como españoles que eran, proporcionaban trabajo y vivienda a los compatriotas que allí iban, dispensando trabajado y vivienda al “Greñicas pequeño” en alguna épocas en que estuvo en el pueblo.
A medianos de abril de 1902, allí se encontraban Aznar y Vicente; en una ocasión oyeron hablar a Pedro Gracia del dinero que guardaba su mujer y que llevaba constantemente encima. En las primeras horas de la noche del día 23, los procesados, después de cenar se entretuvieron jugando a la baraja. A las dos de la madrugada se levantaron de la cama, subieron a la habitación en la que se encontraba Pedro Gracia, su mujer e hijo, y acometiéndolos con navajas, dieron a los tres muerte en el acto. La agresión de los esposos se hizo cuando estos estaban completamente indefensos, desprevenidos y solo con la ropas de dormir, y la agresión al niño cuando estaba en la cama. Pedro Gracia fue degollado recibiendo de los procesados 31 puñaladas en todas las partes del cuerpo, algunas de ellas en la región glútea cuando estaba muerto y boca abajo. Asimismo, Concepción Supervia fue degollada, recibiendo 12 puñaladas en todas las partes del cuerpo. El niño también fue degollado, recibiendo ocho puñaladas, todas ellas en el cuello. Cometidos estos crímenes, los dos procesados se dedicaron a coger cuantos objetos les convenía, y con ánimo de lucro se apoderaron, por lo menos, de dos billetes del Banco de España, de 50 pesetas cada uno, una moneda de oro de 10 francos, una cadena de plata, dos relojes, un revólver, unas botas y varias ropas, tasados todos estos efectos judicialmente en 50 pesetas.
Noticia del asesinato de Gratecap



1 comentario:

  1. Ana, has hecho un trabajo ingente, impresionante que te lo agradecemos todos. Montalbán ha recuperado uno de sus personajes más y peor conocidos. Como historiadora, te doy mi enhorabuena. Como amiga, un abrazo grande y, como montalbina, mil gracias de corazón.

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